jueves, 5 de marzo de 2009

RUMBO A LA BARRA/ Pablo Antillano



Los taxistas caraqueños tienen una nueva manía. Usted hace la señal de costumbre, él se detiene a unos metros y se le queda mirando con cierta indiferencia, usted se acerca a la ventanilla y pregunta ¿señor, en cuanto me lleva a San Bernardino?. Y el responde: si , como no, suba. Es como una epidemia. Todos hacen lo mismo. Sólo si usted repregunta el taxista dirá: veinte mil bolos.

En uno de estos dias de lluvias torrenciales optamos por subir a un taxi a pesar de que el conductor no terminaba por responder a la pregunta del bolsillo. El auto emprendió la marcha y luego cruzó en dirección equivocada. Señor no es por aquí, vamos a San Bernardino. Yo soy sordo, gritó una voz con más carga de decibeles que los que cabrían en la pequeña cabina de su Century destartalado . Escríbame aquí la dirección , y pasó hacia atrás una pizarra verde y un trozo de tiza escolar.

3 comentarios:

Amanda dijo...

En Maracibo la cosa es diferente.... Luego que te montas al carro taxi, te preguntan hasta que vais a hacer en el sitio...y dependiendo de lo que sea te buscan conversación, por que aqui el maracucho hecha un cuento de cualquier cosa, te esperan aunque no les digas, tratan de no soltarte y asi va pasando el tiempo hasta que al final...hicieron el dia contigo jejejej

Nadia Agudo dijo...

Jajaja... Pablo, agradece que te pasó una pizarra y no te sacó un pistolón o un pañuelo enchumbado de burundanga!

Saludos,

Nadia Agudo

Amelia dijo...

Hola Pablo
1.- Recibo otra vez el Código de Barra como spam.
2.- Me gusta esa modalidad de tus breves notas urbanas. Ésta del taxista demuestra que la realidad siempre supera a la ficción...
Amelia


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