jueves, 13 de marzo de 2008

EL RUGIR DEL RATÓN, EL ARTE DE PERDER LA GUERRA / Gustavo Méndez

"Sólo un imbécil podía
haber ganado esta guerra
".


En estos primeros días de marzo clarines guerreros sonaron en la región y —¡no faltaba más!— en los bares caraqueños. De ambos lados de la barra surgieron ‘expertos’ en toda clase de juguetes bélicos: aviones caza multifunciones Sukhoi, helicópteros tácticos Blackhaw, fusiles de asalto Kalashnikov, que inclinarían el curso de la guerra, en uno u otro sentido.

A mi modo de ver, todas esas superficialidades adolecen de un defecto esencial: haciendo uso de un pensamiento rutinario y adocenado suponen que el objetivo es ganar la guerra. Sin embargo, por momentos llegué a pensar que nuestro Comandante, por no haber hecho estudios formales del ‘arte de la guerra’ se sabe: la estrategia no se estudia sino desde el grado de Coronel — se apartaría de la rutina y podría llegar a sorprender a Colombia y al imperio con alguna jugada inusitada.

Esas cortas noches de bélica barra cavilé que, p.ej. el Comandante-Presidente podía inspirarse en algunas versiones postmodernas que invierten los objetivos y postulan que lo importante de las guerras no es ganarlas sino perderlas. No sería atinado seguir la doctrina militar venezolana contenida en el «ORÁCULO DEL GUERRERO» ni a los clásicos CLAUSEWITZ y SUN TZU quienes, con una chata perspectiva, se ocupan del tema de cómo ganar batallas y guerras, sin haber considerado las ventajas que también puede tener perderlas. Consideré que, sin meterse en ásperas honduras académicas, el Jefe podría guiarse por las enseñanzas del clásico film «EL RUGIDO DEL RATÓN» (1959, Peter Sellers, Jean Seberg). Para los más jóvenes y los más desmemoriados, recuerdo el argumento: se imagina en la película un pequeño ducado europeo cuya exportación de vino se perjudica por la competencia desleal del imperio norteamericano. El Ducado declara la guerra con la manifiesta intención de perderla … y de ver renacer su economía cuando los yankees ocupen su territorio. Envían un grupo de arqueros a New York que, por error o equivocación, confisca una bomba, algo más que atómica, cuya amenaza de detonación obliga al imperio a rendirse. Uno de los más aleccionadores momentos de la película es cuando uno de los ministros grita al jefe de la operación: "sólo un imbécil podía haber ganado esta guerra".

En clave de mayor seriedad, se registra la existencia de corrientes modernas que postulan exactamente que LAS GUERRAS HAY QUE PERDERLAS, así sin atenuaciones; es lo conveniente en el contexto actual. Así lo predica SHIMON TZABAR en su libro “Cómo perder una guerra y por qué: la estrategia para la derrota. Sabemos que el Presidente es un autodidacta entusiasta y empeñoso. Llevado ahora de la sabia mano de Harnecker, Müeller Rojas, Monedero y Rodríguez Chacín, podría haberse animado a realizar nuevos enfoques que reconsideraran el asunto de la victoria como único objetivo. El conjunto de enseñanzas obtenidas por esa vía podría conducir a la fundación de una nueva disciplina que, así, se llamaría ‘EL ARTE DE PERDER LA GUERRA’.

SHIMON TZABAR no pretende que la derrota sea un objetivo fácil. Por lo contrario, indica que requiere esfuerzos, maestría y disciplina. Cita 4 facetas en las que Venezuela tiene ventajas comparativas. Bajo la V República, ha desarrollado con sumo esmero, superior al del enemigo, al menos estas destrezas: 1) una política exterior dirigida a la pérdida de aliados y a la búsqueda de enemigos (los más próximos a la frontera); 2) arruinar la economía y depender de la del enemigo; 3) fomentar la desunión en la sociedad; y, 4) preparar al ejército para la derrota, haciéndolo débil, desentrenado, timorato y con los mandos sólo interesados en retribuciones económicas. El autor postula que si esas habilidades son debidamente desarrolladas, es posible recuperarse aún si se consigue una victoria totalmente accidental. Si se practica mucho, en diferentes oportunidades y escenarios, es posible rendirse con eficacia.

Por esas condiciones y considerada la habitual prudencia y cautela que guían al Presidente (al menos en materia de capitulaciones express) supuse que esta vez, en modo alguno, nos arrebatarían la derrota de las manos. Pero no fue así. No hubo guerra formal, no hubo derrota, por tanto, y el imperio no nos invadió. Los voceros del gobierno, en titulares del diario VEA y los nuevos líderes de su partido en el Canal 8, cantan la victoria: EL IMPERIO FUE EL ÚNICO DERROTADO. Lamentémoslo.

«Por esas condiciones y considerada la habitual prudencia y cautela que guían al Presidente (al menos en materia de capitulaciones express) supuse que esta vez, en modo alguno, nos arrebatarían la derrota de las manos».


2 comentarios:

Anónimo dijo...

Me gustó el artículo, sólo que me pareció demasiado teórico, sobre todo para proponer un concepto que está a contrapelo de lo que hemos creído hasta ahora. ¿Dònde consigo el Oráculo del Guerrero y el libro de Tzabar?

Gustavo Méndez dijo...

El libro de Tzabar es recomendable en más de un sentido. También contiene consejos prácticos para ser exitoso en la busqueda de la derrota. P.ej. proporciona una detallada explicación de cómo elaborar una bandera de rendición a partir de las 6 exiguas franjas blancas y 50 pequeñas estrellas que componen la bandera gringa. Se requiere capturar 5 de éstas, desdeñar el valor simbólico tradicional que tiene quitarle su bandera al enemigo; y desmenuzarlas para obtener una especie de colcha de retazos blancos. Creo haber visto algún ejemplar usado del libro de Tzabar en LIBRORIA, en la Calle París de Las Mercedes.


"El Oráculo del Guerrero" es libro de cabecera en la Academia Militar, forma parte de la doctrina venezolana en la materia. Cuando el Presi lo recomendaba en una época, antes de que BORIS IZAGUIRRE afirmase maliciosamente que era un libro 'gay', todo oficial debía portarla en su equipaje de mano. Supongo que algunos lo conservarán. Pídalo a algún amigo.


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