viernes, 23 de noviembre de 2007

NOVIEMBRE FRÍO/ Carlos M. Montenegro

Con apenas cinco días de diferencia – 16 y 21 – cumplen años dos de la media decena de hijos que poseo, todos venezolanos. Uso ese verbo porque de todo lo que he realizado en la vida, considero que los hijos son lo auténticamente de uno, todo lo demás es temporal o accesorio. Ni siquiera los padres son de uno, sino que uno es producto de los padres.
Noviembre es para mí un mes importante porque las cumpleañeras son mis dos primeros vástagos y qué duda cabe que a partir de entonces mi vida cambió y creo que para bien.
Noviembre para un españolito de a pie era un mes triste, me alejaba del verano, poniendo el otoño más gris por medio. Además comienza con unas festividades – la de todos los santos y la de los muertos – que para nadie son la alegría de la huerta. Las imágenes que me vienen son las de los erectos y fúnebres cipreses de los cementerios y familiares cargados con unas flores, no precisamente alegres, con coronas y ramos “pavosíísimos”, y que tal vez parte de las visitas sean para agradecer “in situ” a los yacientes haberse ido antes que el visitante.
Debo decir que al llegar a la Venezuela caribeña, mi perspectiva cambió por completo, la visión se tornó por el mes que conducía directamente a la época navideña, llena de arbolitos y luces de colores que en vez de presagiar nieve y frío nos sugería ir a compartir con la niña de Coppertone, la que enseñaba el culito, las playas libres de la quemazón y en mi caso las estupendas visitas a mi preferida Guayana para reunirnos con el resto de la familia. Los símbolos eran los mismos pero el clima mejoraba todo.
Todo esto es porque a través de mis dos cumpleañeras aún jóvenes, veo la juventud actual, que faltando pocas semanas para la Navidad, en vez de pensar en la rumba que se acerca, están inmersos en un proceso político que no se sabe muy bien como será en su desenlace. La mayor parte de los jóvenes de este país a juzgar por lo que veo, andan fajados defendiendo posiciones encontradas, más activos que sus mayores – que en el fondo somos los responsables – instándoles a votar, por lo que nos pueda caer encima, y han tomado para sí unas causas que nuestra sociedad hace muchos años debería tenerles resueltas. Me da coraje ver a los muchachos empeñados en un tema que nosotros deberíamos haberles evitado. Se han hecho cargo del asunto y por lo que veo, están dando una lección a sus mayores – qué pena con nosotros – porque les estamos escamoteando una temporada de alegría y diversión, que para eso están en la edad
No veo a estas alturas ni atisbos del ambiente navideño que por estas épocas inundaba el país. No oigo la avalancha de gaitas que desde Octubre invadía las radios; en mi calle ni un solo edificio ha sacado las luces, tratando como cada año en mejorar al de al lado, ni a través de los balcones veo los abetos más o menos canadienses, donde Santa colocará los regalos en su momento. Las marcas comerciales se ven poco en la ventana televisiva, tal vez esperando qué pasa el 2-D, algo que puedo entender perfectamente. Dicho esto, tengo que confesar que mi estado de ánimo se debate entre pensar cómo pasaré mis Navidades tropicales y una cierta sensación donde de reojo vislumbro cipreses, nieve y bufandas.
© carlos.managerman@gmail.com

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