miércoles, 26 de diciembre de 2007

LA BARRA DEL CONVENTO/ Tulio Monsalve

Para aquellos que han unido su vida a los libros, esos, a quienes resulta difícil no reconocer que sus momentos mas importantes o sueños y alegrías y tristezas se asocian con una obra literaria, o para quienes, esta materia tenga algún sentido, llegar a toparse de pronto con los autores que lo han maravillado y quitado sueño o causado placidez y no pocas sorpresas, llegar a la FIL de Guadalajara es un acto que causa maravilla y estupor.

Verse rodeado de agentes literarios, bibliotecarios, libreros, demiurgos del viejo arte de la edición y más de mil seiscientas casas editoriales de 39 países, es asunto inolvidable. Mirarse peleando por un puesto en una sala adonde caben mil quinientas personas para escuchar, a uno de tantos, para mi gusto, notables como Antonio Muñoz Molina, quien con su sencillez habitual, reconoce, con tono agradecido, y poética y académica placidez y honestidad notable, que buena y por cierto muy buena parte, de la producción literaria europea y sobre todo la de España actual, se debe al influjo y magia que en ellos causó la producción de los autores provenientes del llamado boom literario latinoamericano … verdad que causa asombro.

Esta Feria es si duda uno de los sucesos mas connotados y mejor montados sobre el negocio del libro, no solo en Latinoamérica, sino a escala mundial, la exuberancia en cuanto al numero de empresas representadas y amplísima presencia de figuras internacionales, causa asombro y habla de fortaleza y vigencia de la obra escrita. Álvaro Mutis, en una de sus intervenciones reconoció que el libro es aún mas eficaz, accesible y potente como fuente de formación que la misma computadora y su inefable y asociado programa de Internet. Pues su uso no está para nada hipotecado al lastre de una conexión externa o exige requerimientos eléctricos o electrónicos para cumplir su tarea. Basta la mera y sencilla voluntad para que la inmediata conexión con los sueños y lucubraciones se produzca en el lugar y condiciones menos favorables. Mas libertad y amplitud de goce, juntos, con viaje asegurado a la imaginación, es imposible.

Pero la Feria no es Guadalajara ni ella es solo negocio del libro. Pues la ciudad tiene su donaire y garbo latino. Con una historia que de inmediato nos conecta con el terrible periodo y los sibilinos episodios de la Conquista de México. Para suerte o desgracia la fundación de la ciudad se debe a Nuño Beltrán de Guzmán, quien la nombra en honor de la Ciudad de Península de donde él proviene, Guadalajara, España. Ayuda saber, que Bartolomé de las Casas calificó a Nuño de gran tirano y otro arriesgado cronista lo describió como el “aborrecible Gobernador del Pánuco y quizás el hombre mas perverso de cuantos han pisado la nueva España”. Dato, entre otros miles, que demuestra, que los verdaderos irracionales no eran tanto los que habitaban nuestras tierras cómo aquellos que las asolaron por mas de trescientos años.

Irrumpe en México Nuño Beltrán, con el aval del Emperador Carlos V, quién le encomienda actuar como contralor y evitar que siguiera cometiendo atropellos, el no menos bárbaro, Hernán Cortéz; no fueron pocas las disputas y diferencias entre ambos, por el asunto de los abusos que cada uno perpetraba. Nuño duró un año en el cargo de Presidente de la Real Audiencia de México, suficiente para ganar espacio como infame.

Novedades históricas aparte, hay que decir que en la actual Guadalajara, existen notables vestigios de toda la grandeza de la arquitectura del período colonial, muchas de esas obras se encuentra en la zona colonial de la ciudad y una se le conoce como la Fonda de San Miguel. Lugar adonde funciona un magnifico espacio en cual se albergaron las monjas de la orden de las Carmelitas Descalzas, hasta el período de la Cristiada o Guerra Cristera, entre los años de 1926 a 1929. Don Plutarco, tal y como conocían a Plutarco Elías Calles, se le enfrentaron grupos de milicias de laicos y un importante contingente de presbíteros y religiosos católicos que resintieron la aplicación de leyes y políticas públicas cuyo fin era restringir la presencia política y la autonomía de la Iglesia Católica; que se colocaba frente al gobierno y pretendía crear un Estado dentro del Estado; sobre todo, limitar el prominentísimo poder de la Iglesia y controlar su capacidad de uso y enajenación de sus inmensas riquezas, con fines políticos.

Una de tantas medidas adoptadas por la Presidencia fue desalojar a las monjas Carmelitas de este claustro de San Miguel e instalar allí un Cuartel militar. Curiosamente este enfrentamiento se le llamó “la última guerra religiosa en pleno siglo XX”.

Sin poder obviar todo ese conjunto de hechos históricos, al día de hoy, al estar en los espacios de convento es inevitable sentir el dominio de la paz, y el animo de recogimiento que las arcadas, plantas, aves confieren a su patio central, lugar adonde se alojan los comensales que asisten a sus mesas.

A pesar de lo concurrido del local, la tradición y la fuerza del diseño arquitectónico se nos imponen, se siente el ánimo y sentido poderoso de las tradiciones de esta cultura y esa historia adonde todo suponía recato y placidez.

Muchos detalles, motivan las sensaciones, la presencia en los pasillos laterales de pequeños espacios, que sin ofender o imponerse a quién allí asiste a comer, ofrecen artesanía y abalorios que parecen estar destinados a lograr un grato y armónico espacio. El comedor está en el patio central, abierto al cielo y rodeado de pájaros y música, sin duda que nos hacen volver al espíritu de quienes lo diseñaron. Su mismo nombre se adelanta a los juicios: La Fonda de San Miguel, lugar adonde descubrimos maneras del buen beber y comer con acuerdo a las historias que rodean este enclave. Sin duda es alta cocina mexicana lo que allí se degusta.

Jeroglífico prominente del lugar, sin duda, es su barra, allí viven como destacados huéspedes una inmensa variedad de tequilas de ágave, planta que los habitantes de América conocen desde mas nueve mil años; (género cuyo significado es: “noble” o “admirable”, de su savia se destila el “tequila” o “mezcal”). Fajarse con un buen: “curado” , “reposado” “joven” o si llegamos al “añejo”, es una manera de encontrarse en un viaje a la chifladura, con singular nota. Ramiro su barman, le gusta hacer valer sus conocimientos en materia de tequilas e impone con nobles maneras su fundadas recomendaciones. Tomarse uno es la justificación para deslizarse con varios y de allí planear hacia la realidad de la oferta principal: La Pechuga de San Francisco de Asís, rellena de cuitlacoche, saborearla, es apoderarnos de un convento donde no sabemos que exorcismo nos puede atrapar o cual traviesa monja nos hace un guiño o sortilegio, para que perdamos el juicio hasta caer en insondables celdas

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