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martes, 16 de noviembre de 2010

MARITZA BAJARES, LA TURCA / Tulio Monsalve


Muchas cosas aluden a tu recuerdo, tantas y todas coincidentes en hacer centro por el imán de esa contagiosísima risa que tan fácilmente derretías. Desde la alegría disparabas palabras, cada una engarzada a la otra para regalar un halago, una inteligente como grata anécdota que siempre buscaba el acomodo de los afectos de todos los que estaban a tu alredor.

En ese verbo había gracia, donaire sin malicia que sumaba desprecio por la necia formalidad y todo para que al asunto mas serio se esfumara hasta caer como adorno de algún brindis por algo que los demás no habían percibido o registrado y que tu mucho ingenio recomponía.

En tu desparpajo había la valentía del buen gusto y el tono preciso para animar respuestas que le dieran continuidad al agasajo de la novedad del encuentro o lo imprevisto de aquel azar que hacia aparecer la casualidad entre amigos, como una feria que se hubiera organizado con mucho prolijidad, cuando nadie hubiera podido imaginar que esa tarde se iba a producir ese portento de tiento al ocio entre leales.

Tu llegada a alguno de esos Franco, Vecchio Molino, La Bajada, Gazebo, o Carso, era motivo de buenos augurios….. por allí por adonde hoy andas, te deben estar esperando, tu pana Adriano González León, el siempre preciso Orlando Araujo, el amable Salvador Garmendia, la risa de Mariani, hasta un doctor, Marcelino Madriz curador de males no inventados y que junto contigo se tienen por alquimistas de la alegría caraqueña. Por cierto, esto en tono de chisme, Marcelino me dijo una vez que el único camarada con tétas que él tenía, era Bajares.

Te dejo, pero antes quiero contarme algo que ya es parte de nuestro futuro, como liturgia, evocaré esa canción de Charles Trenet, que tantas veces te oímos, y que siempre sonaba mejor que antes, … en esa, tu voz, … de muchas barras y vino y amigos ….. que mucho te quieren y acompañan: “Dans la maison qui frissonne / Et je pense aux jours lointains / Que reste-t-il / De nos amours / Que reste-t-il / De ces beaux jours/ Une Photo / Vieille Photo / De ma jeunesse”.

miércoles, 10 de febrero de 2010

TOMÁS ELOY MARTÍNEZ DESDE EL BAR LA BIELA / Tulio Monsalve

Salimos al mediodía desde Palermo camino hacia el Centro de Buenos Aires. Pedí pasar, independiente adonde fuéramos, por el Bajo. Uno de los lugares de la ciudad en posesión de colores y olores símbolos notables de la identidad urbana de la zona del Puerto. Atributos de remembranza. Marco desde el cual se ennoblece la grama de la Plaza San Martín. Su languidez nos hace presentir sorpresas, de algún lado va saltar la bohemia. Viva, cantando. Es música haciendo un fondo a la melancolía propia de las esclusa del antiguo Buenos Aires y su Bar Unión.

Para mas hipocondría, la ruta nos plantó frente al gomero del Bar La Biela. Espacio dedicado hacer de escenario a la monumental Recoleta. Buscamos mesa en la calle y el animo estival nos animó un gratificante gin tonic. Esperamos la llegada de Rodolfo Terragno. Al ver el gin se acordó automáticamente de Tomas Eloy.

Su aparición animó el dialogo, comenzamos a hablar sobre Venezuela, él a preguntar por sus buenos amigos de Caracas y yo a responder con los debidos rescates de mi sufrible y restante memoria. Era el año 1996 y Terragno venía de ganar la Presidencia del Partido Radical. Como en muchos de sus retos, siempre lo animó lo actualizado. Proponía una política de remodernización. Buscaba acercamiento con otros grupos opositores de centro-izquierda, para arribar al FrePaSo. Era todo una figura nacional.

Lo había conocido en Caracas en la época del 1976 cuando mordido por la dictadura huyó de Argentina. Unido a su gran amigo Tomás Eloy Martínez iniciaron vida en Venezuela. Mucho discutíamos aquí su último libro de la época Los 400 días de Perón.

Tenía interés en conocer su versión sobre los antecedentes de la creación de El Diario de Caracas. Muy recién llegado a Caracas fue invitado junto con Tomás Eloy Martínez a una reunión con Diego Arría, en parte culpable de su presencia en Venezuela. Era Ministro de Información y Turismo del Gobierno CAP I. Les propuso tenerlos como asesores en el campo político. Pensaba en su posible futura candidatura presidencial. Contrapropusieron. Lo más eficaz para una empresa de tal peso debía ser manejar un periódico. La idea cayó sorpresivamente pero no fue posible oponerse. Así comenzaba el cuento de la vida del Diario.

¿Por qué salen de Argentina?, era inocultable hasta ese momento la dictadura Argentina había desaparecido cerca de 30.000 personas, mas otros tantos miles asesinados. La gente de izquierda y los periodistas, y ellos lo eran las dos cosas, constituían el principal objeto de las persecuciones de la tiranía. En sus oídos sonaban inaguantablemente los nombres tristemente famosos, como la ESMA, el Vesubio, El Garage Olimpo. Puro terror. Pura dictadura, Suficientemente poderosa razón para huir. ¿ Por qué Venezuela?. No olvidar que este era el momento brillante de la Venezuela saudita….. tierra de oportunidades.

Saltaron en cascada las dudas. ¿Como debía ser este periódico?. La primera objeción, muy fundamentada por demás, era como superar el miedo a enfrentar ese par de moles, El Nacional y el Universal. Capaces de triturar entre ambos a cuanto competidor se pusiera en el medio. Se concluye indicando la necesidad de un crear un formato deferente. Debía ser tabloide. Contar con un diseño suficientemente ingenioso y un concepto apto para unir novedad, seriedad y precisión. Además contar con un plantel de periodistas dignos de poder alternar con Tomas Eloy y Terragno, nada sencillo. Terragno reconoció y probó, material humano había y abundante, por cierto, y con el liderazgo de TEM nada era imposible. Los resultado obtenidos dieron la razón al equipo humano allí concentrado.

Para iniciar acordaron reunirse en Nueva York con un personaje, llamado el chino. Realmente, era japonés, experto en asuntos de diseño y diagramación. Se inició el trabajo asistidos además, si la memoria no me traiciona por José Ignacio López otro colega de ambos. El trabajo como era de esperarse no se termino al tiempo lo cual en parte demoró la salida del número cero. Al final, a mediados del 1979 el chino terminó su trabajo, trajeron el material y un gran maestro del patio, Juan Fresán, le dio la forma final. El periódico nos cautivó desde el primer número. Lo seguimos con tanto afecto y emoción como mirábamos El Nacional de esa época.

Nos enseñaron a digitar un tabloide y apreciar el nuevo enfoque en camino a imponerse en el periodismo venezolano. El cuidado al escribir de Tomas Eloy Martínez era seña de una calidad, antes poco común. Nuestro maestros del periodismo local mucho nos enseñaron, Héctor Mujica, Moradell, Guaramato, Jesús Sanoja Hernández, Federico Álvarez, Pedro Espinoza. Con el Diario todos aprendimos un nuevo modo de leer la prensa. Gustar la estética del diagramado con el componente del tratamiento serio de lo noticiosa e informativa. Magia aun sostenida.

Pero hasta cuándo dura el hechizo del Diario de Caracas. Al Perder las elecciones Acción Democrática el financista de Diego Árria, Hans Neuman, decide, mejor es, dejarse de eso y le vende el periódico a 1BC. Compran Peter Botomme y Marcel Granier.

Poco probable, la dignidad de Tomas Eloy no podría convivir con gente de esa catadura. Los puestos de Terragno y TEM los ocupan, Carlos Ball y Rodolfo Schmidt. Es la caída moral, estética, ética y política del periódico que TEM fundó. Mucho para un caballero como Tomas Eloy, sobre todo cuando las barbaridades de la dictadura de Lanusse, lo estaban todavía atormentando.

Con el Diario de Caracas en su control, Granier ataca a Lusinchi. Total para eso lo compró. Él era su dueño. “Se enfrentan y Lusinchi mandó a meter preso a Rodolfo Schmidt, por cosas que había escrito en torno a tema de la Barragana. Esto molestó mucho a Miraflores, por ser verdad”. Según Carlos Ball: “Rodolfo llevaba dos meses preso, me llegó un mensaje muy claro: su libertad a cambio de que El Diario de Caracas dejara de publicar las columnas de José Vicente Rangel y de Alfredo Tarre Murzi (Sanín)”. Y colorin, …. colorao

Tener dignidad es parte integrante de un periodista notable. Un maestro en el mejor sentido de la palabra como él lo era. Contar todo esto es otra manera de darle valor a los recuerdos y dar amplio reconocimiento a esa gran persona y mejor escritor: Tomás Eloy Martínez. Él siempre decía, “que la muerte le daba una gran curiosidad”…… ojala la experiencia no lo halla defraudado. Lo seguiremos leyendo. Es justicia. Es respeto.

jueves, 19 de febrero de 2009

ARMANDO CLOSE-UP EN LA BARRA / Tulio Monsalve

La novela de Armando Coll se inicia con nota sobre una barra de Le Club. El novelista habla de asuntos de la noche y sus complicidades y de habitantes que hacen espacio en botiquines pedantes. Locales de moda para escaladores y desplazados de las notas de las paginas de los sociales.

Descubre parte del problema del alcohol bastamente consumido pero mal administrado. Me refiero cuando no hace efecto enervante e impulsa los ingenios y la gracia, sino que marca caminos a la angustia y reduce el raciocinio y crea mucha desesperación. Ingesta que se hace dramática en cierta clase media que sigue sin entender lo que está pasando en el país. Que todavía no acepta que esto cambió, que nuestra sociedad tiene otros valores y otras reglas y sobre todo otros actores. Entre estos actores que muy mal ejecutan su papel por que no comprenden el escenario, se mueve el novelista Coll. Con buen arte y excelente oficio hace crónica con estos desvencijados seres y los desmenuza y luego crea sus personajes.

Su narración se abre desde los espacios de un lugar de “siempre” que reinauguran, Le Club. Pieza del esparcimiento que fue construida con el desecho de los chismes de la farándula y sirve de alojamiento a los duendes del ocio y vaguedad de una desfallecida clase que no sabe y menos comprende en que país se encuentra. Allí inicia su disección de ese sub mundo, cuando alguien en el ambiente del besamanos, saluda tendida y efusivamente a Gloria. Quién la acompaña, le pregunta ¿Quién es él? . Responde que no sabe: N-p-i. Se descubre el lance de quienes quieren figurar que estos lugares de moda y saludan a los periodistas queriendo ser objeto de alguna línea de la crónica que en algo mengue su anonimato. El juego del “Verse y dejarse ver”. Vanidad, jactancia, son el slogan de este no lugar, caraqueño.

En medio de un trago y mientras piensan en el próximo. Desde esa barra miran y delatan ese muestrario de retazos e hilachas sin sentido cuya ausencia destruiría esa entumecida e inculta clase media. Ella, Gloria y el Augusto Márquez, saben que sin esta materia humana que los rodea y contamina perderían el sentido de sus vidas. Ella relacionista publica y él periodista de farándula, este dúo, esta compañía, esta compleja sociedad, difícil de imaginar y complejo de mantener, constituye la dupla que Armando Coll crea para contar su ultima novela, Close up. Alfaguara 2008

Resalto que mientras algunos escritores y periodistas en su desespero no encuentran sino el recurso del abatimiento y la dolorosa crónica morbosa como expresión, Armando Coll escribe. Su novela sin duda tiene que ver con la forma como cierta desamparada clase social evita el tema de la realidad y la evade refugiándose en lugares adonde la noche de los privilegiados tiene asiento.

Armando Coll trabaja ese espacio de la comunidad y ahí, escarba. Analiza y describe: los cuidados músculos de la gente, sus liposucciones, botox o su look u otros productos que brinda el “fitnes” que le da apoyo a quienes sufren la angustia del anonimato o por que escasean sus “levantes”. Tal como dice en la Pág. 53 “ La envidia, ese terrible padecimiento de las muchachas pasadas de kilos y atacadas por el acné”. Esa es parte de la materia prima de su cuento. Pero Coll no se entumece sino vitalmente ocupa y agita y muestra una parte del problema social de esta eternamente dividida República.

Evita lo que otros, que se dedican a desfigurar los nuevos modos de la antropología en proceso de creación. No comulga con las manifestaciones preferidas de los quejosos, que se dedican de forma bastante ingrata a exaltar hasta el paroxismo y el lloro su visión negativa de la vigente realidad política del país. Lloran por las colas. Gimen por una inseguridad que nunca los toca. Hacen pucheros por que falta el aceite y el papel sanitario. Gimotean por la basura del centro pero no por la de Chacao. Sollozan por la “tacita dorada” que es Bogotá, no por sus crímenes y ejecuciones nocturnas. Suspiran por el clima de Miami. Suspiran por todo y sufren por todo.

Plañidera que se ha hecho tan corriente que llegan hasta los editoriales de la falazmente denominada “gran prensa nacional”. El autor de la novela obvia este esqueleto de la amargura, por improductiva y como literato sigue dando fe de la buena potencia y salud de nuestros productos del intelecto.

Rescato, por acertado, lo que presenta su novela en la, Pág. 142, para aquellos que no lo saben, presenta ciertos lugares clásicos de la ciudad y escoge, entre otros, para hacer vivir la memoria el Restaurante Le Coq D´Or y reconozca aun sin proponérselo el papel que tuvieron en esa época ese trío de respetables restauradores, Antonio Martínez, Bartolomé Pol, el chef Eugenio y el barman Alfredo, que con tesón construyeron un lugar adonde había respeto por el buen comer y se trataba con rigor y cuidado a los fogones y a los clientes. Me refiero al período de Ave. Solano y luego de Sabana Grande (Ave. Los Mangos), por que al trasladarlo y empotrarlo en Las Mercedes no han logrado sino atraer a su barra a yuppies o banqueros con deudas insalvables con la justicia, para que entre todos degüellen el buen comer y conviertan el lugar en un clásico, escandaloso e insoportable bebedero. Triste, muy triste final. A pesar del desastre mi paladar aún celebra sus “sesos en mantequilla negra”.

Los personajes de Coll son piezas que viven del sentimentalismo y la nostalgia. No quieren entender que esta Venezuela cambió, esto ya es otra cosa, parece decirles: no sigan soñando ni mirando para atrás porque van a quedar petrificados como la mujer de Lot.

Sean dignos, eviten la tragedia, parecería ser la conseja que nos hace Armando Coll. Finalmente recomiendo la lectura de este autor que seguro no va a ser reseñado por las “paginas culturales”, ese otro club de selectos escogidos y manejados por paquidermos de la política, que ahora se centran en la mediática, pero que son ajenos a las masas, ….. ojala me equivoque.

sábado, 25 de octubre de 2008

LA BARRA DEL OLIVAR EN LA TARDE/Tulio Monsalve

Para algunos existen horas en que comienza a medrar el ánimo levantisco que les llegó con la mañana, tracción que los hizo apurarse a cumplir con las inclemencias del trabajo. Se cree que el cierre del programa del sol y su pérdida de vigor inicia una gestión que castiga con semipenumbras. Claman otros que la sonata del ángelus y sus cadencias le arrima el lomo al goteo de alguna catecolamina cuyo papel es disminuir nuestras defensas y ponernos en trance de languidez. Hasta aparentar travesías de poeta. Sin duda reflexionamos. Siguiendo el rumbo de Vallejo que hablaba: “Reanudo mi día de conejo /mí noche de elefante en/ descanso”, hacia allí vamos a un posible e inexacto recogimiento.

En esto pensaba mientras bajaba a esperar a una persona en el Bar del Hotel Sonesta en Lima, Perú. Estaba en este hospedaje e iba al bar. Desde su barra se siente lo que se mira. El lugar está ubicado y usurpa espacio a un extraño y bello lugar: el famoso Olivar del Barrio San Isidro.

La nota histórica dice que los terribles e imprevisibles hermanos Pizarro, animaron al Duque de San Isidro para que sembrara un olivar en la capital del virreinato; ya para 1567 el sitio era conocido en la ciudad. Dignidad de cuatrocientos años que hoy conserva. De su gloria y bondades aun existen con hermosas y extrañas formas, esculturas de fuerza vegetal como un atavismo de la colonia. Heredades de formas originales que hace fruncirse en emociones hasta al mas insensible. Su conjunto es un verdadero museo de hazañas arbóreas únicas. Ningún árbol asoma rastros o dolor de muerte. Algunos están, de puro increíbles, en trance de semejar mármol y piedra. Otros todavía en su gloriosa y digna senectud son capaces de regalarnos una que otra aceituna. Todos florecen a su manera. Dan tanta sombra como asombro. Sus ramas suaves que aun rinden homenaje al viento y cantan con él.

Esto miraba desde la barra en forma de barco, mientras fantaseaba en la pasmosa belleza del parque, de pronto me tope en el bolsillo de mi saco con un ticket, la sorpresa deparó fortalezas a mis desfallecidas dioptrías y pude leer, que me invitaba a recibir un trago de bienvenida al hotel. De la contemplación pasé a la tensión inmediata. La gula hizo estragos y solicite con la avidez de un beduino la especialidad del barman: un pisco sour (pisco, jugo de limón, azúcar blanca, clara de huevo y hielo picado). Para la hora y como apoyo a la contemplación nada mas estimable. Deleite, tiempo y buena barra, ahora a esperar que me vinieran a buscar.

Azar en la Barra. A mi espalda alguien pregunta: ¿Qué habéis pedido al barman?. Me volteo y sorprendo con el rostro de un joven. Un pisco. ¿Qué es eso?. Explico y el contertulio dice no conocer nada, pero que va a pedir uno. Lo prueba y aprueba con un: ¡ pero esto es cojonudo!. Mas español imposible. Impreca: Dadme otro. Agrego explicaciones sobre el pisco y me dice: Claro… es casi un orujo; creo que si. Montamos una cotorra y estando yo en el segundo trago, me sorprenden un par de personajes, uno de ellos con un arma en la mano, que grita, ¿Quien es usted?….. identifíquese … o como hubo una vez de decir un policía caraqueño que me aplico algo parecido pero con un culto criollismo: ¡ identifísique ¡.

El amigo de la barra, ya identificado como español, les pide que se vayan pues somos amigos. Surge otro personaje, menos pinta de policía, quien le pregunta a mi compañero de trago; ¡chaval, que susto no habéis dado!. Tenemos tiempo buscándote: Sabes que en Lima siempre hay peligros. Bueno, nada seguid, os espero en el lobby.

Pregunto ¿que pasa?, me dice que nada, solo lo protegen. Por dudas estimo que es hora de retiro. Se disculpa y me dice que si no tengo algún programa para el domingo, él tiene entradas para la corrida de toro y que me dejará dos en la portería. Le agradezco. Me pregunta que hago en Lima le explico y demando por la razón de su presencia en el Perú. ¿Pero no sabéis quien soy?. Respondo que no y me dice, presentándose que se llama David Galán y que es torero, este domingo estará con una contrafigura limeña llamado el Simpson. Me cuenta de su última actuación, fue, en Torre del Mar en Málaga y que le fue muy en esta temporada.

No se me ocurre otra cosa que decir: Bueno saludos, y que tenga suerte el domingo. ¡!Joder eso no se le debe decir a un torero en las vísperas!! pero que en mi caso es una ofensa venial, la ignorancia justifica los medios. Adiós, adiós. El barman me informa que es una gran figura del toreo español y que en Bogotá trataron de secuestrarlo. Vaya faena la mía. Todo por una ensoñación de olivos y un pisco sour.!! .. Suerte matador .. suerte ..

Salgo a la calle y me topo con el parque de los olivos y me acuerdo de una estrofa una canción de Duncan Dhu que dice: “ En el atardecer arde la hierba. En algún lugar de un gran país que olvidaron construir ...”

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viernes, 23 de mayo de 2008

DON JUAN TENORIO EN CLAVE DE TEATRO PARA BEBER (TPB)/Tulio Monsalve

Se iniciaba un mes de octubre hace ya casi cuarenta años. Sin causa aparente se convino una reunión en la casa de María Lucia y Aníbal Nazoa, Adriano González León con sus misterios de siempre me convidó, pero ocultó el motivo del encuentro, pregunté, sus disuasivas, me convencieron que lo mejor era desentenderme y gozar la incógnita.

Llegamos al lugar de la cita estaba allí Montillita y Argimiro. Mal síntoma me dije. Se inició el cotorreo y por fin supe, por acercarse Noviembre y según el rito este es el mes de Don Juan Tenorio. Se convino de inmediato, bajo orden sacramental que en el asunto para nada tenía que el burlador de Tirso de Molina, sino el de Zorrilla. Las fiestas de animas y difuntos e interfectos llenan de lagrimas y monserga no solo iglesias y cementerios sino que también proveen condumio a los actores de teatro y munición a los empresarios.

Mientras discutíamos descubrí que Don Juan anima una fiesta adonde se puede mezclar lo piadoso con la mas cruda acción blasfematoria, amen que al mirarlo bien Don Juan posee un cierto carácter, diríamos semita que al fondo demuestra un incontestable desprecio de la mujer en tanto que respetable y amada media mitad de nuestra especie. En eso del tratamiento de asuntos del género debemos decirlo era poco cuidadoso el tal Tenorio. Pero no era ese el tono dominante de este burlador de Sevilla que comenzaban a inventar el dúo de Adriano y Aníbal, pues en esta versión lo que se buscaban era crear de un teatro para jodedores actuado por los ídem.

No se trataba de presentar el asunto en términos de la posible causa cristiana en sus actos de arrepentimiento sino sencillamente verlo como un superlativo atropellador de pantaletas y un clásico mentiroso que necesita inflar sus trapacerías sexuales para poder lucirlas como chismes de cantina. Con esta precisión ya se sabia que se pretendía con el personaje mostrarlo como era, un bandido que asolaba la ciudad después del toque de queda y sin el concurso del viagra vivía para rendir culto a príapo y cumplir con todas las exigencias como dios rustico que sin mediar cuentos dispuesto está a aplicarle la operación colchón hasta una indefensa y enclaustrada Doña Inés.

Mediante documento jurídico de las abogadas María Lucia y Chela Briceño se pasó a Notaría la constitución de la Sociedad Anónima pro tempore que daría lugar a la creación de la empresa TPB ósea Teatro Para Beber, quedando la dicha compañía como única tenedora del capital y acciones de la recién creada organización del intelecto y el espectáculos. No fue fácil, pero el consenso llevó a dar por aceptado que el rol de Don Juan lo tendría Alfonso Montilla, el papel de Doña Ana recayó en la responsabilidad de Mariana Otero, Mary Ferrero haría la Monja que cuidaba la enclaustrada Ana, Rodolfo Izaguirre tenía que representar de Don Luís Mejía y el escultor León Levy sería Don Gonzalo de Ulloa, vestuarista Chela Briceño y musicalización de Tulio Monsalve.

El estreno mundial fue el en anfiteatro y salones adyacentes de la mansión de Aníbal y María Lucia. La entrada se daría por trueque de una botella de buen ron del caribe, si “pecho cuadrado”, pues mas mejor.

En la Hostería de Cristófano Buttarelli se produce el primer acto, allí vimos a Montillita que entre angustiado e insegura gatea, allí lo encuentra Don Luís que le pregunta en tono muy sevillano: “¿ y quej es lo que buscaj tu?, el Don le responde: “puéjs, …. mi carta del diners club”.

Al final don Juan, ya ha escrito su carta para Ana, futura victima y le comenta a Butarrelli su inconfesable acción, insinuada en una carta amoroso-lasciva que debe hacer llegar a Doña Ana.

Don Juan: “Esta carta que aquí veis / enviarla a mano deseo / no la mando en el correo / pues tardará mas de un mes”. Me acuerdo que en el segundo acto a la pícara monja Brígida (Mary Ferrero), con rostro que ilumina la lubricidad entrega a la victima el secreto mensaje de Tenorio:

-“No mas cara de velorio / deja ese rostro contrito / que aquí te manda Tenorio / conmigo este papelito”. No logro recordar la respuesta de la joven objeto de la infamante aberración del sexópata, pero a esta hora ya su destino está cantado, de ese vergajazo difícilmente podrá salvarse.

En el acto final vemos a la casa de Don Juan, están los convidados, es de noche y la ceguera limita los sentidos del burlador, siente la cercanía del aparecido, ya espectro Don Gonzalo y ante sus temores lanza:

-¿Qué me pasa quej-ques-quejs / será el fantasmas de Inés / o la Metropolitana / o es que yo tengo una nota / de mafafa colombiana?. La muerte lo cerca.

Sin duda que la actuación de las figuras escogidas no pudo ser mas certera, y las fiestas y pitanzas que se armaban fueron inolvidables, sin olvidar que la idea, concepción, desarrollo, creación y montaje, de esa mágica linterna de sueños risas y caña creada por Aníbal Nazoa y Adriano González León, aun ya los cuarenta años de su montaje hacen cabriolas en nuestros sueños e imaginación

martes, 25 de marzo de 2008

EL ALCALDE ELIOT SE FUE DE PUTAS …/Tulio Monsalve.

“¿Cómo se llama la Calle?.
Llámase -respondió- Hipocresía,
calle que empieza con el mundo
y se acabará con él”.
Discurso de Don Francisco de Quevedo.

Un conocido circunstancial de una barra de Chacao comentaba en voz baja, mientras leía un periódico. “Este es un país de meras fachadas. Todo se contradice o quiebra ante el mas leve análisis”. Me atrevo a preguntar: ¿ y eso por qué ? . Sin inmutarse expone, que son muchos los casos y agrega: ¡!Por sus ejemplos, los conoceréis!!, veamos y lee: el gobernador de Nueva York, Eliot Spitzer, maníaco sexo dependiente, ha sido identificado en una grabación federal haciendo arreglos para encontrarse con una prostituta de alto nivel en un hotel en Washington el mes pasado, tal como lo revela el prestigiosísimo periódico The New York Times”.

Creo que mi vecino de barra tiene razón, pues desde ese pequeño frente se desataron incontenibles las furias. A punto tal que el señor Eliot ha tenido que presentarse, junto con su exquisita esposa y renunciar públicamente a su cargo. Así cual fardo indeseable fue levantado en vilo y arrojado al medio del río Hudson, para satisfacción de todos los sayones de la mafia y otros personajes no menos detestables de la política de la isla.

De inmediato alguien armo un coro, un teatro monto un play en off Broadway, los gacetilleros tuvieron alimento para los noticieros y se dio acción para desollar al Alcalde, especialmente nuestros buenos burgueses caraqueños salieron a darse de golpes de pecho y saludar como sana y necesaria la ¡!cacería al adultero!!. Sobre todo a tener este ajuste de cuentas como demostración de dignidad, y firmeza de esa gran democracia que se practica en Norteamérica. Darle de paso loas al papel que en ella juega su héroe Bush y por ende enrostrarnos con este gesto la ¡! verdadera pulcritud y adecuado manejo de los asuntos de Estado!!.

Como sabemos la palabra hipócrita nace de la griega ypokriteis, que significaba actor y ellos para trabajar solían ponerse diferentes mascaras según el papel que tuvieran que desempeñar. Los puritanos de venezolana, como avance la Semana Santa, en alarde de moral, ese día, se quitaron la mascara con la cual hacen sus visitas intimas y pagan por favores sexuales, para colocarse la mascara de vengadores y soplapitos de la justicia divina y eterna.En Caracas supe, hicieron ritos y brindaron en misas privadas por las bondades de una ética sexual que exige y premia la extrema continencia y evita la fornicación. Misma que celebra la sanción al Alcalde, pero no se inmuta ante las terribles flagelaciones y violaciones inmisericordes con que algunos sacerdotes pedófilos hacen estragos en las zonas en las que brindan su apoyo y catecismo. Lo suyo es solo una apariencia de falsa virtud o de inexistente bondad. Desprecio del verdadero carácter que evalúa las reales creencias en lo humano, religioso o social. Ante la desgracia de Eliot, pido, que ojala que algún cielo posible le de albergue a ese alcalde, tan putañero, como deshonesto, pérfido, digno sátrapa de Manhatan. En su reconocimiento por contribuir a su legendario ejército van este par de versos de Don Francisco de Quevedo:

“Puto es el hombre que de putas fía,/ y puto el que sus gustos apetece,/ puto es el estipendio que se ofrece/ en pago de su puta compañía”/.

“si de otras tales putas me pagare;/ porque las putas graves son costosas,/ y las putillas viles, afrentosas”/.

http://www.eluniversal.com.mx/notas/492235.html

domingo, 17 de febrero de 2008

A UN MES DE ADRIANO/ Tulio Monsalve

Es sólo un mes. Debo decirte que en este mínimo lapso que también incluye distancia, mucho se ha dicho y escrito sobre tu persona y obra. No te tengo ni tendré como ausente, sólo como escapado del diario hacer de esta complicada realidad. Desde siempre te escuché hablar y analizar lo que amigos comunes, Edmundo Aray, llamaba los delirios del Capitán Ahab persiguiendo una ballena blanca, bella y terrible asesina de la cual, sospechamos siempre, estuvo enamorado. Empresa que inexorablemente agotó su vida, quizás, hasta llevarlo a la muerte. Así de terribles son las quimeras.

Como en toda utopía el capitán no estaba solo, lo seguía una tripulación, algunos, quizás esperando cobrar la moneda de oro que había martillado en el palo mayor para quien primero avistara la ballena. ¿Avaricia?. Otros tripulantes, por saberse cómplices del momento de inmensa felicidad que alcanzaría el viejo Ahab si mataba a quien le había robado su pierna. ¿Felonía?. Otros quizás lo seguían para saber que pasaría luego de la muerte de la fiera, vaticinaban que ello sería también el fin de la vida del Capitán. ¿Utopia?.

¿ Cual era el Techo de la Ballena?, sencillamente un lugar de sueños, océano de cosas remotas que solo estaban en el corazón de cada uno de los aplaudimos las infinitas arbitrariedades que allí se les ocurría, a Contramaestre, Montillita, Caupolicán, Edmundo, Adriano y Daniel, que hacían política con alma de poetas.

Lugar de aventura y vida, ideas, sueños y muchas cervezas, regueros de cerveza e ingenio que comenzó en el Bar Iruña, en el centro de Caracas, fue a una calle cerca de Cuchilleros en Madrid, volvió para vivir en El Viñedo y fijar residencia en un garage de Sabana Grande y allí alojar a todos los oficiantes de la imaginación y el vuelo nocturno que fue el mundo ballenero.

Pero en los años sesenta, en Venezuela, cualquier viaje a la fantasía por mundos nuevos era peligroso, al realizarlo, solo logramos conocer algo de nosotros mismos y del mundo que vivíamos. Estuvimos como peregrinos medioevales convencidos de que el viaje al Santiago de la democracia no lo lograríamos, pues este era un buque fantasma manejado por espectros que escondían fines poco confesables. La vida parece que nos dio la razón.

Nuestra ceguera consciente, nuestra ballena, nos advertía de los peligros de ese poder sin responsabilidad social que enfrentábamos, asi vimos como abundaba el trastoque de los fines verdaderos por otros falsos. Como se sacrificaba el bien tenido por colectivo en aras de la libertad abstracta de las necesidades del comercio y la trácala; y que este, sería el patrón de vida de los gobiernos que luego vimos desfilar en comparsa, carnaval tras carnaval.

La realidad de que llega, llega, y de que golpea duro y en la cara ni que decirlo, eso le pasó a Adriano, cuando fue detenido por ejercer su natural oficio de escritor. Por cumplir lo que el compromiso del destino y la gravedad de sus sueños impuso: escribir. Por hacer bien lo que su ingenio le disponía y sus artes narrativas le imponían, narrar, sentir y expresar a través de los textos, en fin, comprometerse con lo que un buen ballenero debía hacer, desmontar la tramoya de la política “democrática” de Rómulo Betancourt.

Mañana del 1 de mayo de 1962, una vez mas –con espíritu militante- fuimos al eterno y ya repetido y fastidioso desfile y volvimos a ser repelidos por los mismos cabilleros adécos de siempre dirigidos por el Negro Herrera, que no aceptaban la presencia de la izquierda, menos mal que ese día tendría lugar otro evento cuyas repercusiones tienen vigencia 48 años después. Caupolican Ovalles iba a presentar su poemario “Duerme usted, señor Presidente”. Después de este libro la democracia betancurista se hizo palpable, en sus verdaderos métodos, Caupolican, tuvo que huir violentamente en Colombia y Adriano fue detenido en la Digepol. Sin duda que el poema era una provocación y la respuesta fue violenta. Según dice Adriano: “Caupolicán tuvo que irse al exilio porque lo querían matar y a mí me agarraron preso”. A Adriano, lo agarran en el aeropuerto, y fue a parar a Los Chaguaramos, urbanización donde se encontraba la sede de aquella siniestra policía del régimen adeco.

Síntesis: Adriano fue encarcelado por esa singular democracia adeco copeyana acusado del gravísimo delito de haber escrito el prólogo del libro ¿Duerme usted, señor presidente?.

En los días siguientes tenía que ir la Digepol, de visita, para entregarle un remedio a un amigo detenido, cerca del lugar me topé con Gonzalo Castellanos, el arquitecto, quien me pidió que, si se podía, le preguntara a Adriano por un escrito sobre Cuba que él le había entregado. Quería recuperarlo pues lo estimaba algo peligroso. Pude entrar y entregar el remedio, convine con el amigo que tratara de que Adriano estuviera cerca de las rejas y que disimulara para poder preguntarle algo que me interesaba. En eso estaba, cuando fui sorprendido por el guarda presos, que se adelantaba para evitar que continuara preguntando. El policía -- hay que considerar que allí solo habían o políticos o intelectuales presos, y por lo tanto, se suponía, él debía hablar de forma tal que correspondiera con el nivel de los encarcelados -- así, con firmeza y palabra cuyo tono pretendía culto o refinado, dijo grandilocuente mientras se acercaba …. rolo en mano: “mucho conversándome con cuyo detenido”.

Entre desenmascarado y temeroso decidí dar por terminada la gestión, evitando por razones evidentes, llegar a reírme como era obvio.

Hoy no te veo, pero igual estás presente entre todos los que siempre peleamos contigo y mucho te admiramos. Si por allí te topas con el Capitán Ahab pregúntale quien se quedó por fin con su moneda de oro.

Tomado del Prólogo que le causó el carcelazo de Adriano Gonzalez León:

“Se trata de una poesía que se da como una necesidad cotidiana.

Sobre todo, se trata de un rechazo definitivo de lo encadenante poético, mientras se afirma, ya que no un derecho a decir, sí una posibilidad de maldecir. ¡MALDECIR! “

lunes, 14 de enero de 2008

LUTO / Tulio Monsalve



A quien poseía el gran magma y las armas de un altivo ballenero ….

Era Lunes. Fue una llamada tempranera, pero viniendo de Adriano, casi una amenaza. Lo imaginaba a él, si lo hubiera llamado yo. Su respuesta ante tal impertinencia hubiera sido la de siempre: “quién se atreve”. Escuche su voz entre quejosa y crítica:

-Dejáte de jodederas, decime, donde está el manuscrito ¡!. .

-¿Cuál ¿.

-Pues ese que yo cargaba el Sábado en el baño turco. ¿No te acordás, no te hagás el pendejo …

- Coño Adriano no tengo la menor idea …

Los sábados de ese período de nuestra vida tenían un ya conocido itinerario. Sabado 10. 30, llegada al Baño Turco del Bosque. El consabido mal genio y un impertinente aroma a cañoso recuerdo de la noche anterior. No había animo ni humor, ni energía para un saludo. Todo se resolvía por cortos pero terminantes monosílabos, no éramos capaces de expresarnos ni siquiera por mínimos grafismos. Lo máximo. Gestos cuneiformes, y eso, de vaina y en modo intermitente.

En un afanoso ir y venir de la sala de vapor a la sauna o viceversa, y de allí al chorro de agua fría, pasábamos buenas horas y medias. Los galenos de mas experticia en este ingrato saber, solían recomendar, en medio del horrendo oleaje, intercalar en el torrente etílico, una frescokolita. Otros, que habían logrado superar el enigma del día, tímidamente agregaban: ¡! ponle un chorrito de limón ¡!.

Salvador Garméndia, mas radical pontificaba: no pierdan tiempo, en pendejadas, esa vaina, solo la derrota una cerveza friita. También este sabio del transnocho y las barras, tenía como siempre, palabra sapiente y culto saber y algo que agregar.

Terminada la proto salubre gesta, quedábamos ya sobre la una para irnos ha comentar sobre los libros recién aparecidos y que recomendaba Raúl. El lugar el Frisco, allí dábamos cuenta de un sabroso Tom Collins y seguía Adriano, con el humor y la grata y profunda sabiduría que derrochaba, para realizar sencillos, pero profundos análisis, para lograr las relaciones menos pensables posibles entre uno sus poetas mas repetidos, Quevedo o Góngora o García Lorca, con los asuntos que en este momento nos ocupaban política, cultural o afectivamente. Esa estrofa se le oí y vi. utilizar de la forma mas inteligente, humorística y variada posible. Era por la fortaleza de su genio y versatilidad e ingenio en el uso de su fuerza como escritor, capaz de hacernos oír estos versos de Quevedo y Villegas: Alma, a quien todo un Dios prisión ha sido,/ Venas, que humor a tanto fuego han dado,/ Medulas, que han gloriosamente ardido su cuerpo dejará, no su cuidado;/ serán ceniza, más tendrá sentido;/ polvo serán, mas polvo enamorado, en miles formas y veces sin repetirse en los cometidos y la gracia de sus atrabiliarias comparaciones y reflexiones siempre nuevas y perpetuamente inéditas y invariablemente ocurrentes.

Sabedor destacado de todo cuanto la lengua castellana pudiese tener como secreto y conversador afable y referente de una cultura tan vasta como posible, perfecto caballero en sus modos para el trato con gentes y siempre dispuesto a reconocerle las virtudes a quien con él compartía sin evidenciar la mas mínima capacidad para regatearle a nadie lo que le correspondía como ser humano.

Con estos iniciales créditos ¿cómo no quererlo tener como un buen amigo y como conversador excelso y ser capaz de prodigar bondad a cuantos le rodeaban¿ .

En este programa sabatino después del coctelito, obligado era pasar a la tienda de Frisco, a comprar los vinos que serían acompañantes del almuerzo que en ese momento componía con el acierto y genio de los mejores jefes de cocina de Caracas la inefable y bella e inteligente y gran periodista Mary Ferrero. Este era el único momento en el cual su atrabiliario temperamento trujillano irrumpía para imponer su terca voluntad, el vino: tenía que ser rojo y cabernet, y punto. Todos los invitados debíamos seguir la imponente noria. En este caso y solo en este caso una infracción a la norma sería severa y públicamente sancionada. Pocos, ni siquiera el in domeñable Orlando Araujo o Trina, se atrevían a romper los códigos. Todos, Chela, Mariana y Luís Alberto, Argimiro, Manuel, Rodolfo, Belén, Daniel, los Manueles: Caballero y Quintana, el Catire Hernández D'Jesús Caupolicán, Gonzalo, Marcos, Edmundo y Sonia, Oswaldo, David, Alfredo, todos incluidos caían en la celada.

Volvamos al manuscrito. Resulta que desde el sábado hasta la mañana del lunes de su llamada a él se le había extraviado un manuscrito. Estímese que para la época solo contábamos como respaldo con aquello que la maquina de escribir producía como original. Hoja por hoja. Folio a Folio, se iba haciendo un libro, nada que ver con eso que llamamos hoy el back up. Nada tenía respaldo que no fuera nuestra memoria, que bien corta que es, por cierto. Situación que justificaba su desasosiego. Pues él debía, mandar la obra a Barcelona, España. Me llamaba, por que los amigos comunes, cada vez que se les perdía algo acudían a mi, por suponer que era quien se los escondía para joderlos. ¿ Era verdad, no lo creo ¿. Pura infamia con la que tuve que cargar por bastante tiempo. Lo real es que no sabia nada del enigma.

Lo definitivo era que se trataba nada mas y nada menos que de la pérdida del original de su novela País Portátil. Menudo rollo.

Otro Sábado. Volvimos a la rutina, llegamos hasta el Frisco, nos saludo el Barman, que Adriano llamaba Babaganully, quien dice que su jefe quería mostrarle algo, así sucede, viene y pregunta si esto le pertenece y muestra un material, que había quedado olvidado en una mesa. El grito fue un estertóreo, ¡! Coño, mi libro!!..

Lo demás es conocido, gana el premio Seix Barral y nos volvemos a ver, cuando se aloja en nuestro apartamento de París. Allí celebramos de modo variado y amable su premio.

Hoy, para completar nuestro ciclo, y para asombro y paradoja como ser inteligente que fue, imprevisible, pero siempre fiel e inteligentísimo y con gran sentido de lo humorístico, realizó su último viaje. Recibió su pasaporte precisamente, en la casa de Elías Vallés, a quien nombró, en la época de la AdrianoRepública del Este, Ministro de los Asuntos del Mas Allá.

Allí espero verte Adriano, para decirte quién fue el que realmente te robó el libro de Piglia. Te advierto no fui yo. Ojala que nos veamos otro día sábado.

De despedida otro poema que te escuché: Tu cuerpo irá a la tumba,/ intacto de emociones./ Sobre la oscura tierra/ brotará una alborada. García Lorca.

PS: Su obra escrita, es inmensa en su belleza, contundente en su mensaje, amplia en su alcance, profunda en su sentido y filosófica para puro joder la paciencia de los academicistas.

viernes, 11 de enero de 2008

MARCELINO TENIA UNA GATA/ Tulio Monsalve

Era el tiempo donde el Paraíso aún mantenía algunos privilegios. No todos le habían sido cancelados. Era por tanto casi celestial. Clima suave y benigno y plácido, con fácil acceso, avenidas anchas, casas que denotaban un pasado de la posible real grandeza de esa buena burguesía criolla que allí había vivido. En una de esas sendas conocí a Marcelino Madrid. Lo encontré, por feliz mediación de una de una amiga a quien él llamaba Juanita. Ella vivía en un lugar, muy particular, su casa estaba al final de la Avenida La Paz.

Para alcanzar el paraje le di la espalda al Barrio La Vega y tomé el camino hacia el norte. Crucé el Puente que nos salva del río. Allí torcí, a la izquierda y ascendí por un estrecho callejón. Este conectaba con una calle ciega, que montaba hacia a una pequeña colina. La ruta desembocaba a una redoma que hacia las veces de parque. Espacio rodeado por un conjunto de casas que simulaba una variedad de plaza con muchas árboles. Esfera que hacia las veces de una glorieta comunal. Su perímetro lo constituían un grupo de casas, todas abiertas hacia el parque, iluminadas de forma tal que animaban a que en ellas hiciéramos entrada. Así lo hice, fui recibido con un franco y criolla saludo de bienvenida. Era Caracas, al inicio del año mil novecientos sesenta y uno.

Antes de ese día, solo conocía a Marcelino por diversas referencias, que decían de la fama de sus cuentos y estupendas ocurrencias que hacían ruborizar y correr a las señoronas o quienes pretendían ir en ese camino. Modo hipócrita de ser que fija distancia con la noble y franca inteligencia, de aquellos que hacen de la tropelía del lenguaje un verdadero arte del humor del que mas necesita como el vino nuestro espíritu.

Inolvidable ese momento. Con no poca turbación me topé, en la sala de la casa, allí estaba la ronda de quienes, entre amedrentados, pero atentísimos, escuchaban una de sus acertijos vitales. Con palabras del uso coloquial, pero dadas a volar con un tono muy de gente de la vieja estirpe caraqueña, eso sí, manejadas, con grande y harta precisión, deleitaba, acompañando la letra de su anécdota, con una mímica que hacían aun mas graciosas y notables sus expresiones. Era un bardo que hacia compases de su vida con giros de profunda simpatía que sin ninguna usura departía con aquellos, a quienes en ese momento encantaba.

La tesis que defendía, con luterana seriedad y por la cual fácilmente hubiera apostado sus entrañas, de puro convencido que se mostraba, por cuanto, aunque se lo propusiera, él nunca podría, llegar a trastocar la franquicia de su masculinidad. Sus bien probados ojos clínicos, de color verde, y su pupila a veces mas dilatadas que lo normal, habían mirado, digo observado, digo revisado y puesto todos sentido en el trance. Haciendo una familia en esta tarea de observación, y para asegurar, la seriedad de su juicio médico profesional, usaba de complemento, con la precisión y sapiencia de Hipócrates de Cos, sus manos. Esas, en las que ahora, en una, habitaba un vaso de buen escoces y en la otra la colilla de un cigarrillo Gaulois en vías de morir. Sus manos, recalcaba, que ese día, por lo menos, se las habían visto, “cara a cara”, con no menos de treinta palomas, pijas, vérgas, penes, de diverso color y forma; las había auscultado, bajo los mas puros cánones de la medicina mas clásica de la que había aprendido de su maestro el Dr. Pepe Izquierdo en la pontificia Universidad de Caracas. Demostraba que tenía títulos y conocimiento mas que probados para diagnosticar, con mucho acierto, si los aparatos reproductores de esos jóvenes conscriptos, tenían o no prepucio que las encapuchara, boina que las limitara o tejido sobrante que les impidiera el cumplimiento de los inobjetables fines propios y naturales de su sexualidad. Amén de determinar, entre otros datos bío-antropométricos, si el tamaño era el esperado por las tablas médicas y así prescribír y calificar si se los tenia por normales o lo contrario. Tarea sin duda seria, comprometida y exigente.

Hizo una pausa, grave, dramática por cierto, para rematar diciendo, que daba fe que aquello jóvenes aspirantes a soldados, a pesar de sus notables dotaciones, jamás le promovieron la menor tentación. El menor interés. No estaba allí su vocación. Muy al contrario. Podía, según su predica, tenerse por un macho, por cuantos las tentaciones jamás lo vencieron, rematando que ante tales severas instigaciones, él sí se podría tener por macho probado. La risa fue general y las reacciones diversas, al preguntar a la concurrencia si alguien allí podría tener pruebas de tanto valor, o parecidas a las que él poseía.

Aprovechando el ánimo de la ya ganada audiencia, comentaba, que eso no era todo, por cuanto, en la tarde tuvo que cumplir la parte mas compleja de su actividad profesional, pues aquellos soldados que en la mañana, determinó, que quienes poseían esa impertinente cobertura en el prepucio, se les debían eliminar, sin la menor tardanza, pues, este era realmente el fin que perseguían sus menesteres médicos. Operaba y erradicaba piel a cuantos podía.

Pausa al trago y al cigarro…. Quizás buscaba memorizar algún detalle, para continuar diciendo, que su oficio tenía, aunque no se creyera, muchos peligros y amenazas, en esa cátedra médica prepucial que cumplía, con el rigor de un cadete prusiano, de lunes a viernes. Revela, que en su dedicada y proverbial práctica como galeno, solía estar acompañado de un testigo, que con el rigor de un Holmes observaba y valoraba cada uno de sus movimientos: era una gata que se llamaba Felicia.

A prudente distancia y dotada de una inmensa paciencia y terrible capacidad para la espera, eso si muy concentrada en lo que sucedía, la gata, sólo aguardaba que alguno de los tejidos sobrantes, objeto de las operaciones -que pactaban la fatalidad- le fuera dispuesto.

Así sucedía. En cada jornada, ella, obtenía su recompensa, por el silencioso y profesional acompañamiento, tanto como por su función cómo testigo, al acto de decapitación. Lo jodido era la vuelta el día Lunes al consultorio, ya que el cese del premio diario, causado por el asueto del Sábado y el Domingo, generaba un síndrome de terrible abstinencia en Felicia. El Lunes, al ver entrar a Don Marce al Consultorio, le lanzaba, un ataque directo, con garfañon incluido, a la paloma de quién, de no saberse cuidar, torear y escudar con sagacidad sus partes, podría haber perdido o sufrido daños irreversibles en el saliente de su entrepierna. Sin duda que su oficio tenía sus riesgos.

Sigamos contando y no olvidemos que lo único creíble de la vida es el cuento …


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