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jueves, 21 de enero de 2010

EL TÍO QUE SECUESTRARON EN DE QUINCY/ Oscar Hernández Bernalette


DQ no aparece en todos los mapas aunque si esta en el GPS. Billy Castañeda, el venezolano pionero en De Quincy, estado de la Luisiana al sur de los Estados Unidos pensó que a sus 75 años era tiempo para regresar. Insistimos que se quedara pero se devolvió a su pueblito con dos calle, una encrucijada de tren en una de las poblaciones más detenidas en el tiempo de este Hemisferio .

Gracias al tío o por el tío, he visitado tres veces esa encrucijada que entre sus reconocibles tiene al jazzista Smiley Lewis, un par de jugadores del NBA y un actor de serie de televisión. La primera vez a los 10 años me pareció un pueblito, típicamente sureño, influencia creole y en donde resalta la madera. La segunda vez que lo visite doce años después, en mis tiempos universitarios, sin cambios que resaltar. Luego de 30 años regreso al mismo placido pueblo, detenido por la falta de sumatoria de historias ,un De Quincy sin cambios excepto por un Mc Donalds que al fin llegó a la villa y por supuesto las canas de un tío Billy que en apariencia lejos está de su edad física. Los aires de su albergue y el sonido de lo pinos son definitivamente anti stress. Nos dijo en días recientes, en una velada en el Mesón de Andrés ! I am going back!, allá tenemos eficientes programas sociales, pago poca renta, me dan atención medica gratuita y comida como ciudadano sénior.

En fin , lo que si confesó es no hay nada tan divertido después de la Bourbon Street a un par de horas en Nueva Orleans, lugar que vista cuando le da la nostalgia criolla y la apetencia por escuchar Jazz, como una buena barra en Caracas con sus sobrinos.

Come back soon!!!

lunes, 9 de febrero de 2009

LA TESIS DE MANOLO/Oscar Hernandez Bernalette


Manolo es uno de los “barsianos guardianes” de La Candelaria en Caracas. Por cierto, no guardian en el sentido policial sino en el del alma. Su vida transcurre entre su trabajo como distribuidor de alimentos del mar y el disfrute de las mismas tabernas muchas de las cuales el mismo provee. Las visita y disfruta. Esto me lo cuenta Pablo su amigo. Su tesis con relación a como debe ser el trato entre quien te atiende en un bar o restaurante es bastante distinta a la que por lo general muchos de nosotros practicamos. Su propuesta es confrontacional y de lucha por los derechos del consumidor de las tabernas de esta parte del mundo.

Manolo, con su vozarrón gallego, su presencia imponente y con actitud de que todos los que están en esta mesa son mis amigotes, ( y ahi en la foto lo vemos con Nabor Zambrano en el Guernica) nos reclamó, por el simple hecho de dar las gracias a un mesonero, ¡qué es eso de dar las gracias a ese, pues ese su trabajo y ustedes son los pagan!...oportunidad para desarrollar lo que hemos llamado la Tesis de Manolo. Afirma: ¡ustedes los venezolanos no saben tratar a esta gente de los bares! Si los tratan mal se quedan callados, si no les gusta la comida dicen que esta mas o menos, cuando ven la exagerada cuenta se hacen los que tiene más plata de la que ganan, en fin, en una barra se va para que nos atienda, ellos están en esa obligación de atendernos bien, darnos una comida como corresponde, porque al fin nosotros pagamos y ellos nos prestan un servicio, exclamó . Entonces Manolo nos repitió incesantemente esta, su tesis, de a rato se la aplaudimos, otra lo ignorábamos, especialmente cuando subía el tono y la agresión era parta de su verbo. Eso sí, jugarreta entre amigos y de allí no pasó. Sin embargo, me quedó la duda y coincido de que en el fondo somos malos “habitúes” en los restaurantes, por lo general no exigimos, somos conformistas y como al fin y al cabo lo que queremos es pasarla bien ¿ para qué pelear con los mesoneros o los dueños del lugar por no corresponder con la "boloña" de dinero que tenemos que pagar a la final de la jornada? . Excepciones existen, entre ellas un asiduo escritor de estas páginas.

Lamentablemente en este país estamos presos ante cualquiera que no brinde un servicio. No hay un lugar en donde uno le toque estar del lado de afuera para que quien nos debe servicio nos trate con desprecio. Sea en el banco en donde tenemos nuestro dinero, sea ante el burócrata de cualquier signo. Manolo, con su simpleza y las manos tan grandes como sus advertencias, nos dijo unas cuantas verdades que bien las conocen los guardianes de la Candelaria, comer y disfrutar por esos lares no solo es caro sino poco gentil para quienes no somos “habitues”. Por cierto, ¿ alguna organización nacional o internacional ha logrado descifrar a quien se le ocurrió el diseño del baño de Caballeros del famoso Guernica?. Una vez más la generosidad del Caraqueño omite esas pequeñas aberraciones del respeto al usuario. Cómo que tiene razón Manolo. Terminamos siempre dando las gracias por que nos den a medias lo que nos corresponde.

domingo, 9 de noviembre de 2008

SIN CARBONES NO HAY PARAÍSO/Eloy Torres Román.

De verdad, Oscar Hernández Bernalette, embajador, amigo, colega de oficio y compañero de sino, ejerce muy bien el don de la precisión politológica cuando escribe que “las barras son espacios libres para las ideas. Por lo tanto se puede hablar de todo, hasta de política” Esto lo digo por el carácter tan enredado que le di a una conversación que sostuve con un barman en una barra de un restaurant caraqueño, mientras esperaba a unos amigos. Muy interesante fue la interrelación con ese individuo con quien desarrollé toda una tertulia hablando de mi familia y particularmente de mi hija.

El caso es que el hombre me estaba sirviendo mi respectivo scotch 12 años, y observó que yo contemplaba una fotografía de mi hija. El hombre, un tanto curioso, me preguntó si yo estaba esperando a la chica de la foto. “No, amigo”, le contesté. “Esa niña, ya mujer, es mi única hija y no vive en Caracas. Ella está en Moscú”, le dije. El curioso barman, como insistiendo, deslizó un natural comentario al cual ya estoy acostumbrado: ¡Que linda muchacha!

En efecto, mi hija es una muchacha muy bella, además de inteligente. Habla 5 idiomas, es lingüista, trabaja como profesora de idiomas en la ciudad de las torres de rubí del Kremlin. Esto se lo explicaba yo, muy orgulloso, como padre. Mientras esperaba y disfrutaba mi whisky, el hombre, repito, muy curioso me preguntó el porqué yo no tuve otros niños. En ese momento sentí mi dejá vu. Recuerdo que en más de una circunstancia, me han hecho esa misma pregunta y ante la cual, respondo siempre recurriendo a una expresión atribuida al Gabriel García Márquez. El caso es que, según se dice, alguien le preguntó al hombre de Aracataca porque no había escrito otra obra tan acabado como “Cien años de soledad”. El Gabo respondió que ¡simplemente se la habían acabado los carbones! Como se dice en italiano “Si non e vero, e bene trovatto”. En todo caso, yo siempre repito esa ocurrente frase, parodiándola en el sentido que después de haber hecho esa inteligente niña y tan bella, pienso yo, me sería imposible hacer otro u otra, por cuanto, “se me habían acabado los carbones”. Carmen Grazziela, mi hija, me escuchó decir esa alocución ante unos amigos que cenaban en casa y quienes habían reparado en que yo tenía una sola niña. Ella tendría unos diez años.

Cuando los amigos se fueron de casa a la media noche, mi niña me esperaba furiosa. Yo no entendía su molestia y le reclamé sobre su malhumor, fue cuando ella, estalló en lagrimas alertándome de mi poca discreción; resulta que ella en lugar de carbones, había entendido que yo había dicho que ¡se me acabaron los “espermatozoides”! y por ello (junto con Julie, su madre, mi amada compañera de vida, sueños y esposa) fue que no tuvimos más niños.

El barman rió con ganas e intentó servirme otro whisky, esta vez por su cuenta, como para alentarme a que le contara otra anécdota, pero preferí declinar la invitación por cuanto mis amigos estaban llegando y me hicieron señas para que me acercara a comer una buena punta trasera con un poco de congrí queso gratinado. Será otra vez, le dije al barman y ¡páseme la cuenta a la mesa¡

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jueves, 19 de junio de 2008

EUGENIO DIPLOMÁTICO/Oscar Hernández Bernalette

A pesar de haber coincidido con Eugenio Montejo en muchas ocasiones entre los ascensores del Ministerio de Relaciones Exteriores aquí en Caracas, poco nos tratamos. Mi verdadero encuentro con el poeta fue breve y formal. Fue, sino me equivoco en el año 2003 mientras me desempeñaba como Director General en la Cancillería. Mi buen amigo Armando Rojas Sardi, Embajador y poeta quien lo conocía bien pues juntos sirvieron en Lisboa por allá en los 90 me pidió, con conocimiento de su trayectoria y capacidad, que intercediera para que lo designaran de nuevo al frente de una agregaduría cultural en Europa. Creo que Eugenio aspiraba a Madrid lo cual dentro de la lógica burocrática tenía sentido además de permitirnos tener el privilegio de contar con alguien de su nivel intelectual en una de nuestras principales Embajadas. Me visitó y nuestro encuentro fue breve, realmente me sentí honrado de tener la posibilidad de poder interceder por una justa solicitud de alguien de su prestigio como escritor y poeta. Recuerdo haber leído por esos días en una página de El País de España un excelente reportaje sobre el autor y su obra. En el breve contacto me dio muestras de su amabilidad y sutileza. Me obsequio uno de sus poemarios.

Como se lo prometí hice las gestiones al más alto nivel para proponerlo sobre todo convencido que para Venezuela seria un orgullo que fuera una vez más uno de nuestros representantes culturales en el exterior. Mi gestión fue corta. Una única pregunta cerró el camino. ¿El funcionario firmo? Sé que al poco tiempo pidió su jubilación.

Seguramente en los espacios que hoy recorre lo premian por la maravillosa firma de sus poemas que a tantos espíritus reconfortó.

domingo, 16 de marzo de 2008

LA BARRA MAS LEJANA/Oscar Hernández Bernalette

Se trata de la barra de La Huerta en Caracas. Miguel Manrique y quien escribe nos trasladamos desde Altamira hacia la Avenida Solano un viernes de este marzo del 2008 para un rutinario encuentro entre viejos amigos politólogos. Pablo Antillano nos esperaba. Luego de una hora de tráfico a cámara lenta al fin llegamos a la redoma de La Campiña a solo 100 mts de la puerta de entrada al estacionamiento. Allí comenzó la tragedia de esa tarde, tardamos casi dos horas en recorrer el corto camino que teníamos por delante y cuya barra convertida en objetivo de sobrevivencia estaba a solo metros. La ciudad estaba paralizada. Pablo llamaba, me embarcaron, me voy, ¿a dónde se metieron?. Lo cierto es que estábamos a punto de cerrar el carro y caminar hasta la barra que nos esperaba como sedientos perdidos en el desierto. Entre cornetazos, llamadas telefónicas y silencios a rato, Miguel me conto una historia de cómo en una ocasión le cambio la vida una cola de estas. Ocurrió hace dos décadas en esta Caracas, la misma ciudad que le ha robado horas de existencia a millones de caraqueños que han perdido como imbéciles parte de sus vidas entre la contaminación de cuanto motor se nos topa o viéndole la maletera a cuanto imbécil diseño automovilístico se ha creado en este planeta.

Su historia fue la siguiente: una tarde de lluvia, la cola infernal, andaba solo y ante el agobio del tráfico logro estacionar y refugiarse en una barra. Para su sorpresa y por pura casualidad se encontró con buenos amigos que compartían una mesa y celebraban la designación de Germán Lairet como Embajador en Belgrado. Se sumo a la treta y el novísimo diplomático designado por Lusinchi luego de una larga tertulia le pidió que lo acompañara como segundo al frente de la Misión Diplomática. Cuenta Miguel que le agradeció y le recomendó que se llevara un diplomático de carrera. Me recomendó y quedó que me contactaría para proponerme esa opción. Entre ubicarme en algún sitio del planeta en donde vivía por esos tiempos, recapacito y acepto la tentadora propuesta. Dejó los pasillos de la UCV por caminos desconocidos. Su vida cambio y fue marcada por una enriquecedora carrera diplomática que lo llevo a Yugoslavia, Quito, Canadá y a las Naciones Unidas. Su experiencia como diplomático venezolano le corresponderá a él contárnosla. Lo cierto es que por esa cola caraqueña cambio para bien su destino.

De la tranca salvaje de ese viernes pasado me quedo esa historia, conocí al ex guerrillero más alto (Papote, Andrés Aguilar) y me permitió descubrir la barra más lejana de toda Caracas.

miércoles, 6 de febrero de 2008

UNA BARRA EN GINEBRA SIN AGUAQUINA/ Oscar Hernández Bernalette


Si un 31 de Diciembre usted está en Ginebra a las 6.00 de la tarde en la Rué de la Confederation la modesta versión de la “quinta” en esta “ville Calviniana”, usted puede estar seguro que tendrá problemas para tomarse los últimos tragos del año en una barra. Todo cierra puntualmente a esa hora. A menos que se acerque a “Globus”, en la Place du Molard , la maravillosa tienda por departamentos, la más antigua de la ciudad, que tiene entre miles de artículos para el consumo material, un local para despertar o tranquilizar el espíritu, una barra de aluminio que se convierte en un sitio de exquisiteces en el mejor sentido de la palabra, especialmente en el último día del año cuando en las mentes se nos produce esa rara sensación de que algo se nos va y lo que viene es incertidumbre. Para la mayoría de los ginebrinos pareciera un día mas que termina, poca incertidumbre, lo que significa todo seguirá bien…….

Para aquellos que creen que Ginebra es una ciudad de relojeros martirizándonos con la hora, aburrida, llena de suizos apáticos y burócratas internacionales que poco tiene que ofrecer en lo que se refiere a las pasiones “barsianas,” como diría Fuentes, se equivocan. La ciudad a su manera, con estilo inmutable antes los cambios y el tiempo, es un sitio que sin perder sobriedad tiene para los visitantes en estas épocas el año, sus espacios para compartir entre el frio y la búsqueda de calor humano. Allí retornamos ese último día del 2007, en compañía de los hijos, María Eugenia y la inseparable Nicole , disfrutando en esa barra extendida como un ala de jumbo , en donde luego de compras de lo que deja la navidad viene la parada obligatoria en el “coffewinebar”, con su multifuncional diseño, despidiendo el año con otros también en camino a sus familias y asegurando las energías positivas que se requieren para adentrarnos en nuevos tiempos.

Las fotos que acompañan esta nota es muestra de lo bueno del ambiente que nos embargaba que hasta la cámara veía doble. También se aprecia que no discriminan a los niños, como se aprecia en la fotografía se aseguran de tener “milch” para visitantes como Nicole.

sábado, 1 de diciembre de 2007

MIRNA RIOS, DE TAPAS EN CANDELARIA/ Oscar Hernández Bernalette


La ocasión fue perfecta. María Eugenia quería comprarle unos zapatos a Nicole. Dónde sugieres me pregunta, en la Calendaría, respondo. ¿Tu cómo que quieres es una barra y no comprar los zapatos? Las dos cosas se pueden hacer. La Calendaría es eso un gran centro comercial abierto, lleno de tiendas , historias, restaurantes, barras y sueños incumplidos. Recuerdo que cuando jóvenes mucho de los mismos amigos que son asiduos a estos espacios soñábamos con algún día vivir en el corazón de la Candelaria, era la opción de tener nuestra propia “village” en el corazón de Caracas. Una excusa para volver y caminar entre los viejos sueños vale siempre la pena aunque sea para comprar unos zapatos.

Allí estábamos, en una maravillosa nueva zapatería que había descubierto el día anterior justo al frente del restaurante Guernica. Al rato también estábamos sentados en la barra, justo frente a la zapatería. Finaliza la tarde del sábado con el debut de Nicole en la maravillosa barra del Guernica y con zapatos nuevos. El vino, los saludos a los amigos de ronda sabatina y Gustavo Oliveros que paso volando hacia el segundo piso de donde nunca regreso, por lo menos mientras allí estuvimos.

Los quesos, los chorizos y la espera de una marinera que desde la concina advirtieron, “está lista por lo menos en una hora”. Para nosotros los adultos una espera más, para Nicole la incógnita. Sentada con sus piecitos colgando desde las alturas y las papas fritas que la distraían entre una langosta gigante que aun se movía para su asombro y que Meneses se la puso sobre la barra para despertar su curiosidad. En una mesa de esquina, la dueña, la señora Mary, almorzaba entre amigos; enfrente de nosotros una maravillosa mesa con tres damas y un consorte que, entre vinos y espumantes, susurraban suaves entonaciones que se dejaban escuchar para nuestro deleite. Nicole no les quitaba la vista, asombrada entre la langosta y esa gente tan bonita que cantaba como en cofradía.

Al llegar a la mesa contigua, que nos esperaba con nuestro estupendo “arroz a la marinera”, les comente a nuestros vecinos que la niña suspiraba por lo que cantaban; sonrisas, miradas y una cuenta que los despedía por esa tarde. Una de las trovadoras se acerca a Nicole y le regala para nuestra sorpresa un CD,” entre ríos, mirna”. Que algún día los disfrutes y con sonrisas se marcho.

Una dedicatoria y una bendición escrita para Nicole nos delato quien era la amabilidad con voz. Mirna Ríos, aunque era de nuestras época no la reconocimos, pero en retribución a su amabilidad y después de su partida escuchamos sus baladas mientras desde la barra nos enviaban unas grapas para cerrar la tarde. La madera transformada en asidero para “barsianos” quedo sola por un rato en espera de nuevas historias. Nosotros, encantados entre una tarde de compras, buena comida y mejor encuentro con Mirna quien nos dejo en la barra.

miércoles, 21 de noviembre de 2007

EL MIGAJERO/ Oscar Hernandez Bernalette


Cuando era un niño mi padre era asiduo a un restaurante llamado “Gallegos” en la esquina de “El muerto” aquí en Caracas. No sé si aún existe, aunque encontré una reseña en una vieja guía de Miro Popic . y está calificado con ¡una estrella! . ”Buena relación calidad precio”, según afirma. Casi todos los domingos éramos obligados a las paellas y las famosas sangrías. Los mesoneros eran grandes, mal encarados, tenia bigotes, usaban un corbatín negro y además hacían en la mesa algo mágico que nunca entendía. Con un movimiento veloz y delicado a la vez desaparecían las migajas que siempre dejábamos en la mesa. Una y otra vez los vi poner sus manos y en segundos se desaparecían los trocitos maravillosos de ese pan casero que los gallegos trajeron desde su tierra a tantas mesas caraqueñas.

Cómo lo hacían esos señores no lo entendí , hasta que viaje por primera vez a Europa. Alli sería muy raro ver a un mesonero profesional que con un movimiento semicircular de su mano sobre la mesa no hiciera desaparecer las migajas y dejara el mantel impecable. El secreto, “el migajero”.

Esta herramienta fue originalmente patentada en el año 1941.Su función es la de remover drástica y sutilmente las migajas de la mesa con una mano, reemplazando el tradicional cepillo de mesa. Como todo en la vida el migajero tiene su historia. ¿Cómo se origino este artefacto indispensable en las tabernas y restaurantes que se respetan? La historia que descubrí es más o menos la siguiente: en 1912 los hermanos John y Fredrik Miller compraron un restaurante en Baltimore, Schneider’s Old German Café en Fayette Street y lo renombraron como “ Miller Brothers Restaurant”. En poco tiempo lo convirtieron en uno de los lugares predilectos de la ciudad. Preocupados por el fastidio que le producía a sus clientes mientras comían la limpieza de la mesa con cepillos y otros métodos , hizo que John diseñara un pequeño artefacto que les funciono , fue patentado, perfeccionado y es una de las herramientas de trabajo del buen mesonero en la mayor parte del mundo. Las originales se hacen con aluminio para aviones. Las ventajas de su uso son varias, incluyendo la de sorprender a los niños que guindan sus pies en las sillas de los restaurantes.

martes, 6 de noviembre de 2007

CÓDIGO DE LA BARRA CARAQUEÑA según Oscar Hernández Bernalette


Nos guste o no, la presencia en una barra es una interrelación que obliga a unos códigos de actuación, conducta y sobrevivencia. Especialmente en estas tierras calientes las barras, además de madera, tragos y comida, deben contar con normas elementales de coexistencia humana que son parte de la vivencia y del gran espectáculo que significa convivir horas de la vida sentados frente a una barra. A continuación unas sugerencias que deberán ser ampliadas por los asiduos a código de barra. Para los fines metodológicos son sujetos de estos códigos, quienes beben y quienes sirven detrás las barras.

1.-En las barras no hay categorías sociales, ni religiosas, ni raciales. Solo hay diferencia de géneros. La amabilidad al género emergente debe prevalecer. El que se sienta en una barra tiene una sola categorización, la de bebedor.

2. Las barras son espacios libres para las ideas. Por lo tanto se puede hablar de todo, hasta de política.

3. Cada bebedor es responsable de lo que dice, hace o bebe. También es el único responsable de las consecuencias. Entonces si te pones agresivo no la pagues con el de al lado. Se prohíbe lanzar tragos o alimentos.

4. En las barra no existe la discriminación .Ni se crean listas de más bebedores que otros.

5. Los que se dice en una barra en ella se queda. “No me cite” a menos que se autorice.

6. Cada quien paga lo que bebe a menos que sea invitado. Hay que acabar la mala costumbre de cuentas colectivas. Cada quien abre su cuenta y si quiere brindar procede al sistema de “esta ronda la pago yo”.

7. Después de cada dos tragos se cambia el vaso. Una sola copa por botella de vino.

8. Prohibido botellas sobre la barra a excepción de vinos y espumantes. Barras con latas no es barra.

9. El que sirve no debe escuchar lo que se habla en la barra a menos que sea abordado. En las barras no se agrede ni se habla duro.

10. Barman que se respeta tiene a la mano un número de Taxi y aprende que beben sus clientes.

11. Dama acompañada se respeta y sola se aborda una a la vez.

12. Prohibido sentarse en la barra con medias blancas.

13. El verdadero “barsiano” no debe contemplarse en los espejos de las barras. En las barras además de beber, se habla o se piensa si no tiene con quien hablar.

14. Si esta ebrio no cambie de barra. Quédese hasta que lo rescaten.

15. Cuando pueda compre su puesto en una barra.

16. Solo el que está del lado de afuera de la barra bebe.

sábado, 15 de septiembre de 2007

AMENAZA PUBLICA / Oscar Hernánez Bernalette

Ya esta historia de las versiones impresas y virtual de Código de Barra me está fastidiando y preocupando por los peligros eminentes que de ellas se desprende. Estoy alerta con estas publicaciones, no por las mismas razones que Gustavo Méndez según deja entender en Debates Tabernarios. Por cierto, un tanto indelicado eso de ¡¡ESE CODIGO ES MAS FASTIDIOSO QUE UNA BARRA MUSULMANA!! . Por el contrario, me encantan las barras multipolares, por lo variado de las bebidas y sabores, los temas que se hablan, las historias, los cuentos, los embustes y cuanta cosa le pasa a uno por la cabeza que solo con los pies guindando desde un banco a la gente se le ocurre comentar. Por cierto, querido Gustavo, estamos de acuerdo que también de la política se debe hablar. Por ejemplo, no es lo mismo hablar de política desde una mesa que desde una barra. Usted puede estar en el mismo Bar a la misma hora y lo que conversa en la barra es distinto a lo que diría en la mesa. Las mesas producen una suerte de cohibición y una tendencia a la formalidad que no le da la barra. No es lo mismo hablar mal de los políticos desde la barra que sentado en la mesa. Es distinto ver a un mesero de abajo hacia arriba para pedir un trago que hacerlo de frente, al mismo nivel, sin complejos, de igual a igual, como se hace desde el otro lado de la barra.

Vuelvo a mi afirmación inicial. Este Código de barra virtual es tan bueno que se transforma en una amenaza pública y deberían prohibirlo. No me salgan con el tema de la libertad de expresión y el derecho de Pablo y Gustavo de hacer sus páginas tanto virtuales y de papel. Que tal nuestro derecho a no ser incitados permanentemente a buscar una barra.El derecho humano a no buscar tentaciones. A no descuadrar el presupuesto familiar y en fin, arriesgarse a seguir tertuliando, meterse en unas discusiones de esas que le gustan a Gustavo y lo peor, es terminar perdiendo una tarde o un amigo, cuando menos.

El que crea que esta disyuntiva se compone sacándome de la lista de correo o que simplemente que no abra la página está equivocado, esa no es la solución. El tema es evitar que a los lectores los arrastren las tentaciones. Deberían los editores incluir una advertencia que indique cuando uno termina de gozar esos artículos o ver esas fotos envidiables de felicidad recogidas en cuanta barra hay en Caracas y hasta en el mundo según veo, algo así como, estas páginas: ¡no son aptas para principiantes! o ¡el exceso de barra es malo para su salud!, para su bolsillo, o para su hígado, o también es malo para la circulación de la sangre pues según estudios médicos es dañino sentarse en las sillas de la barra .En fin, no sé, Pablo sabrá que poner en la advertencia……….

Pensándolo bien, seguramente el exceso de barra para lo único que es bueno es para SU ALMA………ni te atrevas Pablo a sacarme de la lista de ciberbarsianos.

lunes, 13 de agosto de 2007

DE LA BARRA A LA ALCALDIA/ Oscar Hernández Bernalette


Se hizo famoso con un poster que le dio la vuelta al mundo con el título, “Expose yourself to art”. Se le mostro en cueros a una estatua Kvinneakt (mujer desnuda en Noruego) que por años se le exhibía impávida mientras le pasaba al frente en su recorrido por el centro de Portland hacia su taberna. La idea inicial de la fotografía era recoger fondos para contribuir a la lucha contra enfermedades venéreas en la localidad. Las expectativas fueron rebasadas. De picardía local se convirtió en una imagen global.

Conocí a Bud Clark cuando ejercí funciones como Cónsul en Portland, Oregón. Por cierto fui el último representante consular de Venezuela en la ciudad de las rosas. Entre mis tareas, además de cubrir las relaciones con varios estados del noroeste que incluía a Alaska y ayudar a los becarios de la Fundación Mariscal Ayacucho regados en varias Universidades, tenía entre otras, colocar una placa conmemorativa del pueblo de Venezuela al de los Estados Unidos en una de las cumbres más alta de la costa Oeste de ese país, “mount bolívar”. No fue fácil la logística y la hazaña de llegar aunque al final gratificante y esa es otra historia para contar, pues la cima no tiene el nombre en honor a nuestro Simón Bolívar sino a un cartógrafo llamado “Simón Bolívar McCarthy” quien fue el primero en coronarla.

Lo cierto es que como representante de Venezuela tenía la obligación de conocer al Alcalde, principal autoridad de la ciudad. Mejor sorpresa no podía tener. El alcalde de portland era famoso, no por político, sino por ser el dueño de una maravillosa taberna “Goose Hollow” situada en el suroeste de portland y reconocida por ofrecer los mejores “emparedados de Reuben” de todo el planeta. Durante los años ochenta vendió, la mayor cantidad de cerveza Budweiser por pie cuadrado entre todas las barras de los Estados Unidos

Bud había entendido las necesidades y aspiraciones de los habitantes de la ciudad en las tertulias que mantenía desde la barra con sus conciudadanos clientes. Un día se hartó de estar solo entre botellas, no hacer nada por su ciudad y decido lanzarse a Alcalde. Nadie lo tomo en serio, Bud era un hombre de la bohemia, no manejaba sino bicicleta, el mismo medio de transporte que siguió usando mientras ejercía el mas importante cargo de uno de los pueblos más liberales de los Estados Unidos. No se entendía porque quería ser Alcalde y sin embargo lo logro(1985). Fue exitoso y entre extravagancias, como su grito de guerra “whoop, whoop” y buena gerencia, que aprendió desde la barra, dejo huella como uno de los mejores alcaldes la ciudad.

Recuerdo que una vez me dijo que quería recorrer Portland en bicicleta con el cuerpo Diplomático de su ciudad. No sabía el distraído Alcalde que éramos solo dos, el cónsul de Japón y yo. Bud termino su gestión en el año 1992, su barra sigue en pie y prospera. Tenía inscrita en la entrada de su bar una frase que rezaba algo así como; “si la violencia física está en tu naturaleza, o desarrollas tu habilidad verbal, o te vas”. Si algún día regreso a recordar viejos maravillosos tiempos espero sentarme en la misma barra que me acogió en Portland durante el invierno de 1985. Entiendo que con barba blanca y con a sus hijos aun Bud está al frente de tu taberna.

lunes, 16 de julio de 2007

En Mahhttan, the man / Oscar Hernández Bernalette

El Hombre de la Barra en Manhattan


Además de volar de noche sobre el atlántico no hay nada que me intimide más que estar solo, ser un desconocido en una barra. Los dueños de las barras son los “habitue”, los que esperan a sus amigos, amantes, hablan con el barman y de vez en cuando cruzan saludos de lado a lado con seres que solo entre las barras se reconocen.

Allí estaba, solo un viernes en la noche, sentado en la barra de Bull and Bear la barra más famosa de Manhattan en el corazón del Waldorf Astoria. Ejecutivos, asiduos visitantes, cómplices y reconocidos se dan cita generando un ruido espantoso de ansia, ganas de beber, de celebrar, de prepararse para un merecido descanso después de lidiar pulso a pulso el centro del mundo. La barra se me hacia grande, era exclusiva, me sentía el propio intruso. No quería ni mirar a los lados, era el clásico solitario, el coleado esperando que alguien se me acercara y me increpara….where are you from? No me lo preguntaron. Mi única conexión fue con un latinazo, el barman, el reconocido, el que se sabía de memoria lo que bebían la decenas de asiduos a los que saludaba con mirada de complicidad en el tiempo .Me descubrieron, era uno más de los tantos burócratas que llegaban como aves de paso a Naciones Unidas con los que no valía la pena perder el tiempo…al fin, justo cuando me preparaba para escaparme, el hombre de la barra me pregunto, otro Bourbon amigo? Regresó con ese amarillo Wild Turkey cargado de hielo y afirmo, usted no es de aquí ¿verdad? él se respondió, por supuesto que no…….es obvio por el acento, ¡así de Venezuela! A los pocos minutos los verdes sobre la barra y una buena propina a mi único “interlocutor” de la noche. Cuando vuelva, me dijo el elegantizo, aquí en esta barra y del otro lado tiene un amigo, me llamo Oscar Hernández, ¿y usted?


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