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martes, 1 de junio de 2010

lunes, 9 de febrero de 2009

LA TESIS DE MANOLO/Oscar Hernandez Bernalette


Manolo es uno de los “barsianos guardianes” de La Candelaria en Caracas. Por cierto, no guardian en el sentido policial sino en el del alma. Su vida transcurre entre su trabajo como distribuidor de alimentos del mar y el disfrute de las mismas tabernas muchas de las cuales el mismo provee. Las visita y disfruta. Esto me lo cuenta Pablo su amigo. Su tesis con relación a como debe ser el trato entre quien te atiende en un bar o restaurante es bastante distinta a la que por lo general muchos de nosotros practicamos. Su propuesta es confrontacional y de lucha por los derechos del consumidor de las tabernas de esta parte del mundo.

Manolo, con su vozarrón gallego, su presencia imponente y con actitud de que todos los que están en esta mesa son mis amigotes, ( y ahi en la foto lo vemos con Nabor Zambrano en el Guernica) nos reclamó, por el simple hecho de dar las gracias a un mesonero, ¡qué es eso de dar las gracias a ese, pues ese su trabajo y ustedes son los pagan!...oportunidad para desarrollar lo que hemos llamado la Tesis de Manolo. Afirma: ¡ustedes los venezolanos no saben tratar a esta gente de los bares! Si los tratan mal se quedan callados, si no les gusta la comida dicen que esta mas o menos, cuando ven la exagerada cuenta se hacen los que tiene más plata de la que ganan, en fin, en una barra se va para que nos atienda, ellos están en esa obligación de atendernos bien, darnos una comida como corresponde, porque al fin nosotros pagamos y ellos nos prestan un servicio, exclamó . Entonces Manolo nos repitió incesantemente esta, su tesis, de a rato se la aplaudimos, otra lo ignorábamos, especialmente cuando subía el tono y la agresión era parta de su verbo. Eso sí, jugarreta entre amigos y de allí no pasó. Sin embargo, me quedó la duda y coincido de que en el fondo somos malos “habitúes” en los restaurantes, por lo general no exigimos, somos conformistas y como al fin y al cabo lo que queremos es pasarla bien ¿ para qué pelear con los mesoneros o los dueños del lugar por no corresponder con la "boloña" de dinero que tenemos que pagar a la final de la jornada? . Excepciones existen, entre ellas un asiduo escritor de estas páginas.

Lamentablemente en este país estamos presos ante cualquiera que no brinde un servicio. No hay un lugar en donde uno le toque estar del lado de afuera para que quien nos debe servicio nos trate con desprecio. Sea en el banco en donde tenemos nuestro dinero, sea ante el burócrata de cualquier signo. Manolo, con su simpleza y las manos tan grandes como sus advertencias, nos dijo unas cuantas verdades que bien las conocen los guardianes de la Candelaria, comer y disfrutar por esos lares no solo es caro sino poco gentil para quienes no somos “habitues”. Por cierto, ¿ alguna organización nacional o internacional ha logrado descifrar a quien se le ocurrió el diseño del baño de Caballeros del famoso Guernica?. Una vez más la generosidad del Caraqueño omite esas pequeñas aberraciones del respeto al usuario. Cómo que tiene razón Manolo. Terminamos siempre dando las gracias por que nos den a medias lo que nos corresponde.

martes, 3 de julio de 2007

TVTASCA/ Pablo Antillano

Para los caraqueños la emoción del fútbol termina siendo de segundo grado pues depende de varias mediaciones: la agilidad de los camarógrafos y ponchadores de televisión y la subjetividad de los comentaristas.

Como no se puede ir al estadio la gente ha optado por celebrar reuniones caseras o irse a las plazas y a las tascas, donde compensa la ausencia del contagio masivo con satisfacciones alternativas: amistad, caña , viandas y manjares.

No es una solución que se inicia con la Copa América, sino más bien una tradición cultivada largamente por los seguidores del fútbol europeo y de los Mundiales en las tascas de Chacao y Candelaria. Ahora la tradición cuenta con múltiples pantallas planas de mejor resolución y tamaño, y la fiebre se ha extendido a Las Mercedes, La Castellana, Bello Monte, Los Palos Grandes y el lejano Oeste.

En éstos días presenciamos ríos de adrenalina enfrentada entre seguidores, hinchas y “torcidas” de los diversos equipos, apuestas ganadas y perdidas que regaban de vino a unos y otros, solidaridades inesperadas , hostilidades y rupturas. Dígame las teorías arbitrarias y los juicios desencajados que bien merecen ser recogidos y publicados en las antologías del disparate.

Este modelo de tasca-televisión, teletasca o tasca virtual, no se limita a las celebraciones futbolísticas. La hemos visto en pleno ceremonial con motivo de las marchas civiles, estudiantiles o políticas, que culminan en océanos de consignas, cervezas y condumios con la mirada fija en noticieros y retrasmisiones. Lo mismo ocurre cuando hay tragedias locales o remotas, anuncios despóticos, coches bombas y otros actos terroristas.

La presencia autoritaria de la pantalla plana no acaba sin embargo con la charla y el parloteo de sus súbditos, los parroquianos han ido aprendiendo a subir su propio volumen de voz para convertir a la TVTASCA en un maravilloso pandemónium.


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